Hay canciones que uno escucha con atención y otras que, desde los primeros compases, provocan algo más sencillo y profundo: ganas de quedarse dentro de ellas. “Y volveré”, la colaboración entre Malacates Trébol Shop y Herencia de Timbiquí, pertenece a ese segundo grupo.
La canción tiene un ritmo cálido, luminoso y profundamente latinoamericano. Avanza con la naturalidad de una conversación entre amigos que, aunque crecieron en lugares distintos, descubren que comparten historias, paisajes y nostalgias muy parecidas. No intenta disfrazar sus raíces para sonar contemporánea. Al contrario, encuentra su fuerza precisamente en ellas.
El encuentro más hermoso ocurre entre las dos marimbas. Por un lado, aparece la marimba colombiana, ligada al Pacífico, a la madera, al canto colectivo y a una tradición que parece respirar junto con los tambores. Por el otro, la marimba guatemalteca aporta su brillo melódico, su elegancia y esa sonoridad que para muchos chapines está asociada con la familia, las celebraciones y la memoria.
No se siente como si una tradición estuviera acompañando a la otra. Ambas tienen su propio espacio y su propia personalidad. Se escuchan, se responden y terminan construyendo un paisaje nuevo. Esa conversación entre Guatemala y Colombia es, probablemente, el mayor logro musical de “Y volveré”.
Malacates Trébol Shop conserva su facilidad para crear melodías cercanas y memorables, mientras que Herencia de Timbiquí aporta la profundidad, el color vocal y la identidad del Pacífico colombiano. El resultado no suena a una colaboración armada por estrategia, sino a un encuentro que tenía sentido desde el principio.
La letra habla de partir, de vivir lejos y de llevar el lugar de origen dentro del pecho. Habla de volcanes, café, mares, campesinos, tambores, madres, caminos y raíces. Son imágenes muy concretas, pero también universales. Cualquiera que haya dejado su pueblo, su ciudad o su país puede reconocerse en esa promesa que atraviesa el coro: volver.
“Y volveré a la tierra prometida” no funciona únicamente como una frase nostálgica. También es una declaración de pertenencia. La canción recuerda que alejarse no significa renunciar a la identidad y que, muchas veces, la distancia hace que uno comprenda con mayor claridad de dónde viene.
Hay un momento particularmente emotivo en la parte final, cuando la canción se vuelve más íntima y aparecen recuerdos cotidianos, como la voz de una madre dando una indicación familiar. Ese detalle le quita solemnidad al discurso y lo vuelve humano. La patria deja de ser una palabra enorme y abstracta. Se convierte en la casa, la familia, el café, los caminos y las pequeñas historias que uno sigue cargando incluso a miles de kilómetros.
Como primer capítulo colombiano de “América Resuena”, “Y volveré” deja clara la intención del proyecto: presentar la marimba no como una pieza de museo ni como una obligación folclórica, sino como un instrumento vivo, flexible y capaz de encontrarse con el pop, la música popular y los sonidos actuales sin perder su esencia.

Malacates Trébol Shop y Herencia de Timbiquí no solamente juntaron dos agrupaciones. Juntaron dos maneras de entender la marimba y demostraron que las raíces indígenas, afrodescendientes y mestizas de América Latina pueden encontrarse dentro de una misma canción.
“Y volveré” es alegre sin dejar de ser nostálgica, orgullosa sin caer en el discurso fácil y tradicional sin sonar antigua. Es una canción para escuchar con una sonrisa, pero también con ese pequeño nudo en la garganta que aparece cuando recordamos el lugar al que siempre queremos regresar.
Con este lanzamiento, Guatemala y Colombia no parecen dos puntos lejanos del continente. Durante unos minutos, suenan como una misma tierra.

Músico y compositor en Malacates. Seguidor y consumidor empedernido de las nuevas tendencias de la música en sus diferentes ramas desde principio de los 80s. Soñador de una Industria Musical sólida en Centroamérica.