Nakury, Barzo: Música reflexiva y contagiosa desde Costa Rica

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La rapera y cantante Nakury y el deejay y productor Barzo, de Costa Rica, acaban de publicar su nuevo EP. O. Sí, lo titulan con una vocal, pero de múltiples resonancias. Esta nueva y segunda publicación, con base en el hip hop y el rap en español, sorprende por el nivel de producción y por su contenido. 

Como sus bases son el hip hop y el rap, en los siete tracks se apoyan en mucho de la electrónica. Barzo es habilidoso para construir ambientes diferentes, sea algo que se asocie a la salsa, el bolero, el reggaetón, bossa nova, swing, entre otros. Mientras que la versatilidad de Nakury no se pone en duda. Rapea con el flow necesario y canta adecuada a los distintos ambientes. Y en las dos formas, impone su estilo.  

El disco abre con Lunática, acá recurre a esos ritmos que quizá devienen de lo tribal, pero es la manera en la que Nakury quiere hablar de la mujer, de un ser con muchas fases como la Luna, es decir que tiene su parte nueva, creciente, llena y menguante, pero dice que así “yo estoy completa”. Aquí y en el resto del disco, su fraseo vocal me recuerda al de Rebeca Lane. 

Le sigue Amanecer, de atractiva melodía. Con una rítmica y una construcción simple, sin quebraderos de cabeza en instrumentación y arreglos, pero con elementos que atraen. La canción es una reivindicación de la mujer. “A esa dinámica patriarcal yo me resisto/ a la conquista mental que me tiene en la mira como una oportunidad comercial”. Acá participa la guitarra eléctrica de Daniela García, que le aporta color e impulso creativo a la canción. 

Mueve, va más o menos en la misma línea de Amanecer, es decir, de reclamar su derecho a disentir, que si se mueve es porque “ese cuerpo es suyo” y se defiende de un sistema que la quiere ver siempre bonita y convertirla en un territorio de conquista. Una pieza animada donde por igual canta y rapea.

Equilibrio, lo abre el rítmico bajo de Maddie Serrano, mientras Barzo coloca la autopista ideal para que Nakury rapee: “Solo quiero andar a diario en bicicleta/ es la neta/ Eso va en armonía con mi naturaleza/ Pero salir a la calle es como una ruleta/ donde por menos te tiran a la cuneta”. Expresa lo que desea en un mundo contaminado, peligroso y desesperante.  

La percusionista Fiorella Hidalgo, aporta en todo el disco con especial presencia en Selva. Esta pieza tiene ese swing latino, gracias a la percusión y piano que construyen justo un colchón para que Nakury exprese: “Libre, porque el territorio no son los límites/ es sentirse en armonía con el entorno”.

Este tema se divide en dos partes. La segunda tiene un matiz más rítmico, apoyado por un sample de metales, coro y percusión aderezado de un solo de guitarra eléctrica que durante nueve compases se escuchan frases con sustain, con ecos a David Gilmour. 

Y O cierra con Para mi gente, que insinúa la salsa tipo Miami, con Hidalgo por delante junto con el piano de Barzo. Acá la guitarra de García se pone santanesca y con el fondo de coro Nakury canta: “Para mi gente que transforma el odio en amor” y también le reclama a la clase política: “Queremos justicia, educación pública, salud y seguridad”. Es un tema contestario, pero rítmico. 

O es un disco de brisa fresca. Rompe la monotonía imperante, es moderno, se digiere bien, es coherente, apto para oyentes que piensen y mujeres independientes.

El material, donde la mayoría de las músicas son mujeres, conecta de maravilla con el oyente.

Tiene esa peculiaridad y ese atractivo de canciones bien estructuradas que combinan esos colores sonoros tan latinos como contemporáneos; por supuesto, aprovechado para con audacia despertar consciencia hacia temas sociales y de género, que siguen enraizados y no hay modo que se resuelvan.

Esto es de lo mejorcito que he escuchado de Centroamérica, en los últimos meses.  

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