Héroes del Silencio : A 25 años de Avalancha

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Como si nada un disco del tamaño de Avalancha cumplió, el pasado 18 de septiembre, 25 años. Un disco que no ha envejecido en lo absoluto. Ni una sola arruga, a lo mejor una cana. Está suspendido en una dimensión atemporal. Envejeceremos nosotros, envejecerán los Héroes, pasarán generaciones, guerras vendrán y acabarán y Avalancha permanecerá fulgurante.

Dos cosas confluyeron para la creación de un álbum de tal estatura. La primera, la madurez de los cuatro músicos zaragozanos, Bunbury, Valdivia, Cardiel, Andreu, y la segunda fue la dirección del productor Bob Ezrin, quien ha trabajado con Alice Cooper y Pink Floyd, por mencionar algunos, y que se enfocó en expandir el sonido del grupo lo más natural posible. El resultado fue monumental.

Nunca un grupo de rock había empequeñecido tanto a España. De pronto Héroes del Silencio pasaba a ser parte del imaginario iberoamericano como un fenómeno musical irrefrenable y propio. Paso a paso, a ritmo demoledor con la única misión de deshacer el mundo.

Grandilocuencia, frases potentes, directas y robustas como vigas acompañan estructuras musicales superlativas y nucleares.

Al escuchar la frase: “Amanecí, con los puños bien cerrados / Y la rabia insolente de mi juventud”, te desconectas de la rutina y el conformismo donde habitas y todo se rompe como un plato de vajilla barata; la sangre hierve.

O esa otra: “Repito otras voces / que siento como mías / Y se encierran en mi cuerpo / como rumor de mar gruesa”, aquí Bunbury te empuja, te acorrala, te golpea para que escupás el ácido que llevás guardado y que no derrita tu humanidad y voz interior. Brutal en verdad.

Avalancha abre con Derivas que es un ensayo de lo que viene. Engrasar los rieles, afinar las guitarras, conteo de sacos de pólvora, afinamiento vocal, velocidad y presión de sangre.

Rueda, Fortuna es un rock clásico aderezado con un grunge de Seattle. La letra es un reto a levantarse a la velocidad del rayo y con la fuerza de un diluvio, listo para golpear. “Dime ¿acaso no todo el tiempo futuro será mucho mejor? / Quién manipula las esperanzas en beneficio propio?” Un solo de Valdivia que va montado en una ola sonora entre rayos y centellas.

“Empezar por que sí / Y acabar no se cuándo”. Anarquía e insolencia en 5 segundos. Ni un Ferrari. Deshacer el Mundo, es título tan sugestivo. Los metales y los bajos crean un epicentro rítmico que hace temblar un radio de 5 kilómetros mientras que el riff de guitarra se alista como los vientos que van a formar un huracán. Un coro irresistible de voces multiplicadas como trompetas infernales que retumba el pecho y se cuela por esa tromba de destrucción climática que eriza la piel. “Te he dicho que no mires atrás / Porque el cielo no es tuyo / Y hay que empezar despacio / A deshacer el mundo”. Madre mía, eso es.

Iberia Sumergida es otro título apocalíptico igual de seductor. El sonido de la guitarra parece un viento desértico abrasador y cuando entra la batería parecen los pasos de un gigantesco mastodonte, y de pronto, hay que correr. Las frases de Bunbury son como una descarga eléctrica. “Este es mi sitio / y esta es mi espina / Iberia Sumergida / En sus rumores clandestinos”.

Avalancha abre con un riff rotundo tan propio de los grandes como Jimmy Page, Angus Young, Hendrix, Townshend o Clapton. Avalancha es otra de esas canciones majestuosas. “La locura nunca tuvo maestro / Para los que vamos a bogar / sin rumbo perpetuo”. Hay espacios entre cada estrofa como un momento para recuperar el aire. La letra tiene ideas muy claras de provocar y despertarnos la locura y darle voz a nuestra genialidad. Nuestra avalancha espiritual aunque caigamos y nos levantemos. Sobre no rendirnos y la llegada del éxito.

Brazos en la fiebre es un confesional sobre miedos destructores y malditos, necesarios para crecer. Es una canción íntima y orgánica con una letra poética que cala. “Gestando en mis escombros / De pastoso paladar / El disparate del caos / Me derrotó con palabras de alabanza”. 

Parasiempre es un rocanrol con tintes del grunge veloz, estridente y pesado. Esta versión aunque tiene lo suyo, me cuesta mucho desconectarme de la versión incendiaria que se encuentra Rarezas (1998). “Voy a apearme aquí / En la orilla del presente / Donde el hombre se asfixia / Escribe un testamento en chile negro / El suplicio es estar contigo / Es la alquimia de mi veneno”. 

La chispa adecuada tiene una letra poética seductora. Trata sobre el final de una tórrida relación cuya pasión se extinguió. Todo sobre sonidos árabes. “En un ataúd guardo tu tacto y una corona / Con tu pelo enmarañado / Queriendo encontrar un arcoíris infinito”. Un verso nostálgico de un cale profundo. “Eras verano y mil tormentas / Y yo el león que sonríe a las paredes / Que he vuelto a pintar del mismo color”. Simple y exquisita. El coro es uno de los más memorables. “No sé distinguir entre besos y raíces… sigan ustedes.

Días de borrasca es un rock pesado con mucho trueno. Hay espacio para ser ruidoso y rockstar desenfrenado. Sobre la incertidumbre que causa la injusticia y las cortinas de humo que provoca algo tan inútil como la política. “Cuando el futuro es improbable / Cuando pensar no es suficiente / Y Cuando aquello que en teoría / No puede / Haya sucedido”. Días terribles, nuevos comienzos.

Morir todavía nos recuerda aquellos héroes de Senderos de Traición. Una canción rápida con una letra que tiene poco que ofrecer. No encaja muy bien en ese camino que la banda venía galopando con tanta fuerza.

Opio es sublime. Otra vez nos encontramos con un riff descomunal que coloca, con la solemnidad del caso, a Valdivia en un pedestal como Dios de bronce. La letra de Bunbury es un delirio espeso de poética barbitúrica y dimensiones oníricas cuyos sinuosos recorridos buscan acelerar el encuentro con la verdad. “Es el opio la flor de la pereza / Hasta que llegó a ser solo / Existencia / El humo de leche muge lento / extendiendo el sabor del / Universo”.

La espuma de Venus es imponente. Una balada rock con ecos del disco Wish You Were Here (1975) de Pink Floyd. Tiene pasajes histriónicos e intensos y cambios de ritmos rockeros. Trata sobre habitar en otra realidad luego del desengaño y la falsedad. Pintar el vacío para revivir. 

Avalancha es la cima del Everest para el rock en español y de España. Tiene 7 sencillos que se han convertido en himnos de estadio en cada concierto. Fue el principio de una cuenta regresiva para una banda que hasta hoy es un pilar del rock en español. El efecto que logró Avalancha y Héroes del Silencio en Guatemala es tema de otra columna y un continuará nostálgico. 

La verdad, grabada en piedra y escrita con el dedo de Dios, es que Avalancha inmortalizó a Héroes del Silencio.

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