Juan Perro y su banda se adentran a un swing personal

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Juan Perro (Santiago Auserón), está de vuelta solo que esta vez, como es su estilo, para sorprender. Este exintegrante de Radio Futura, que ofrecía aquel rock en los años ochenta y noventa, aparece con su nuevo y noveno disco Cantos de ultramar, donde deposita doce canciones a ritmo de swing, sí, tipo Nueva Orleáns, igual algo de blues, pero que fusiona con aires caribeños, en esos ritmos que anduvo ya en grabaciones anteriores. Y eso, sorprende y atrae. 

Juan Perro mismo le dijo a la agencia EFE, “Me di cuenta de que (las canciones) empezaban a sostenerse como una propuesta que se acercaba al terreno de las grabaciones callejeras de músicos de Nueva Orleans o de los primeros bluesmen como Robert Johnson o Skip James o incluso, algunos de sus imitadores, como Dylan”.

Para andar por ese terreno se apoyó en un sexteto conformado de dos guitarras: Auserón mismo y Joan Vinyals; bajo, Isaac Coll; batería, Pere Foved; y la sección de metales de Gabriel Amargant y David Pastor. Estos últimos son los que, en verdad, aportan a la expresividad y a los colores de la producción.

Todo parece que Juan Perro tarde o temprano pisaría estos terrenos, con base a los insinuados en discos anteriores, ahora directamente swing. El disco abre con Luz de mis huesos, que es una confesión ineludible de amor. “Cuando me acerco a tu portal/ el universo ya se podría apagar”. Su letra, con pizcas poéticas, Juan Perro la entrega con delicadeza con apoyo en la guitarra y la sección de metales. 

Le continúa Ambar, que tiene ese dejo de son cubano. Es una pieza alegre, donde incluso el trompetista Pastor, se divierte con un fragmento de El vuelo del abejorro de Korsakov. Eso tiene su razón de ser. Y es porque esta pieza dedicada a la cerveza, Juan Perro emplea la figura de la abeja. “Ebrio de néctar iba un insecto loco/ zumbando entre las flores aterrizó/ encima de una rama vio la resina/ grave bajo su antena y así le habló”.  En fin, que le pide a ámbar que no le deje en su soledad. La canción tiene su encanto y ritmo. 

En la frontera, es otro tema con aire cubano. La sección de metales le ofrece un lienzo sonoro para que haga una apología de su compañera y de cuánto solo su presencia le es balsámica. Es tan dulce y valerosa/amiga generosa/ que alivia mi padecer/ cuando me ataca la desazón/ y un mal presagio me oscurece el corazón”. El solo de trompeta de Pastor, lo mismo la guitarra de Vinyals, enaltecen esta amorosa tonada. 

Nada, en cambio, es una canción tipo chacha chá. La rescata del 2016 y ahora, con otra estilística. La pieza dice: “La nada es algo misterioso/un bocado encantador/ De sus entrañas tiene todo/ dama que sedujo al mismo Creador” y está escrita en un plan relajado y filosófico, para llegar a la conclusión que a la inaccesible enamorada no le pasa nadao cuando a él le preguntan si está de mal humor la respuesta es delicada: “nada”. Hay barridos de saxofón de Amargant con onzas de humor.

Finalmente está Arenas de Duero, un jazz con aire de blues. Es una canción nocturna, lánguida, donde tanto el saxofón como la guitarra acentúan ese paso, esa emoción que empatan con el sentir de un hombre triste, cansado y con alguna esperanza. “Todos mis deseos fueron a parar/ con las aguas del Duero/ a la hondura del mar/ Ya se apaga el eco de un viejo cantar y se entregan al sueño las arenas cansadas de vagar/ Con aires de hombre preso que se acaba de librar/ baja al Duero a olvidar su pasión de mirar/ los viñedos al pasar”. Y más adelante dice: “Vengo a tus arenas/ lentas a esperar/ que regrese un velero el rumor de los cantos de ultramar”.

Es cierto, en este disco repite canciones de su álbum El viaje, publicado en 2016, pero lo hizo porque en aquella ocasión, por falta de presupuesto, no las ambientó como quería, ahora cuenta con una banda cómplice (con metales) y que le dota esos acordes precisos, atractivos, claros sin caer en redundancias. Por otro lado, su voz madura gana fuerza no en volumen, sino en lo que transmite. Es una voz expresiva y con identidad, por eso Juan Perro se atreve a pisar otros estilos, quizá menos populares. Lleva razón Juan Perro al considerar: “Este disco no es una mercancía, es un proceso vital y de creación musical, una pequeña y humilde parte de la historia de España”. Es entonces un material que no está condicionado por la moda, sino por el gusto artístico. 

En suma, es un disco amable, que tiene un buen abanico de emociones mostradas con cierta poesía e inteligencia abrigadas por la estética nocturna de un swing personal. Sí, llena las expectativas del asiduo oyente o del oyente ocasional.  

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