La Muchacha feroz de Canciones Crudas

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La Muchacha es un término despectivo empleado en nuestro vocabulario esclavista criollo como una persona a nuestra disposición. Desde el momento que habita en nuestra casa, su vida no le pertenece; trabaja para todos vestida y desvestida. Pese a su explotación condenable y ninguneo criminal, es una persona astuta, de sabiduría popular, sin pelos en la lengua que se esconde en la sumisión producto de esa necesidad maldita. Ése es a grandes rasgos el personaje creado por esta artista originaria del municipio de Manizales, ciudad de Caldas, Colombia.

Luego de definir “la persona” que iba a encarnar, Isabel Ramírez Ocampo, usaría esa sabiduría popular, cruda, insolente y filosa para descubrir en antiguas fórmulas encontradas en la trova latinoamericana, especialmente en Violeta Parra y Víctor Jara, para desdoblar su indignación a puñetazo limpio y con elocuencia feroz.

Su segunda placa Canciones Crudas(2020) contiene 8 canciones que son gritos de exigencia ante el hastío de la perenne bota sobre la nuca. La voz de La Muchacha no viene con la dulzura de delicadeza de Polen (2018), en este nuevo material hay sorna, cadencia, fuerza y dulzura y eso le da genialidad.

Canciones Crudas inicia con Que me devuelvan la tierra y desde aquí empiezan los golpes que trascienden naciones. Que me devuelvan la tierra que me han quitado los de arriba /A repartirla en pedazos pal’que no sabe semillar /Que tiene cabeza de oro y veneno entre las costillas / Veneno entre las costillas porque traga pavimento / Y cada que puede baila, baila encima de mis muertos.

El favorcito es la típica treta empresarial que le comenten a los artistas con integridad. Lo llevan al escenario y le pagan con libras de frijol o un caldo de patas. Es esa sarta ingrata de: “Te estás dando a conocer”. Ay muchacha hagame un favorcito /Necesito que me firme un papelito / Pa legalizarle a la empresa / Lo de su transporte y la alimentación /Ay, pero no hay honorario.

La Agüela es un canto de la Abuela de la Muchacha. Una anécdota agridulce con humor y líneas de amargura sobre la mala suerte que rige la situación social. Detrás del culo de la mula / dejé la tarde, los matorrales y callecitas / Fui monte adentro a mirar 10 lunas / a aguantar hambre y a rascar pulgas.

La Cara es un canto sobre el alto costo de la vida que para algunos es normal cobrar hasta por respirar. La canción tiene imágenes fuertes y deseos de muerte para detener el dolor: Que me coma un tigre con anestecia y que me seque la sangre el gusano…. Y después prosigue en otro funeral lírico: A mi que me entierren en un hoyo grande / o así sea chiquito pero sin mensualidades..

Los Ríos es un tema dedicado al saqueo de los recursos hídricos perpetrado por los terratenientes poderosos de Colombia. Este canto suena tan familiar. La Muchacha lo canta en nombre del dolor que deja aquella infancia de ríos caudalosos y familias unidas una tarde de domingo. Déjeme quieto el río / porque o sino no respondo /Deje sana la loma /Porqué se le va bien hondo el machetazo / Usted no es ningún santo, calavera. 

Coplita de la Lluvia es una canción a la nostalgia que produce la lluvia. Como cae las ciruelas se me cae el corazón es la línea que resuena en el oído. La letra fatalista es acorde a lo que atravesamos en este encierro pandémico. Cántole mucho a la pena /porque tengo yo un dolor /de ver el mundo tan negro /diablito sin corazón.

Chicles es un dardo feroz. Cuando uno ve que le tiran a los informales su producto a la calle. Nada más gratificante para la autoridad como humillar al ruega por su producto embarrado en la calle. Mi oficio es sin igual, /aunque seamos muchos, /mi oficio es muy espacial, ¡ay, ay! /Aunque el alcalde nos quiera sacar, /aunque me tiren por ser informal. 

Ranchera Mariguanera es un gran epitafio a un disco enorme. La potencia de la voz de La Muchacha es vibrante. Un llamado a celebrar la vida y a la resiliencia. Bendita la palabra que se alzao por el pan, /benditos compañeros de buenas revoluciones, /benditos pensamientos que se volvieron canciones. /Venga juntemos las narices y bebamos felices, porque vamos a cantar.

Canciones crudas del Sello In-Correcto es lo que sucede cuando la desvalida agarra un guitarra y tiene fe en su voz como único mecanismo de presencia. Hay feminismo, hay trova, hay música folclórica, pero sobre todo hay un alarido doliente de una artista rotunda. El disco contiene ocho canciones que promedian 2:30 minutos. Se va en un abrir y cerrar de ojos pero no podemos seguir siendo los mismos cuando termina este puñetazo musical. 

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