Ricardo Arjona se viste de blanco para cantarle al amor y al sistema

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Arjona está aquí de nuevo disco. Lo lanzó en julio y el proyecto que en realidad se llama Blanco y negro, se divide en dos. En julio apareció Blanco, con 14 canciones, que es el que nos ocupará hoy, y el segundo está pendiente de presentarlo e incluirá 12 temas. Esta es su décima sexta producción, después de tres años de silencio discográfico.   

El proyecto lo abre con Morir por vivir que tiene ese sonido guitarrero tipo Rolling Stones. Es una canción que le da ritmo y sentido a la idea de vivir el momento, no sin cierto hedonismo, de ahí el estribillo “Vamos viviendo la vida/ bailemos hasta morir/ dime por qué se te olvida/ es batalla perdida/ morir por vivir”. No posee una frase que se pueda rescatar cómo si ocurre en otras. Lo cierto es que acá se pone callejero con ese rock garage, quizá inspirado en los gloriosos días del mítico estudio de grabación Abbey Road, laboratorio base de la mayor parte de la obra de los Beatles y donde se hizo este disco. 

Por cierto, la postura rockera vuelve a asomarse ligeramente en Invierno de cristal y listo, es un alegrón de burros porque ni siquiera en Batichica donde cita claramente a los Rolling la construye más bien a modo de balada tipo beatleniana. Lo demás va entre pop, algo como blues, folk, incluso country.  

Pero hay otras canciones que llaman la atención. Por ejemplo, El blues de la notoriedad, que en el fondo es una crítica a la fama, a los espejismos de la farándula, sin excluir la industria de la música. De hecho, tira un dardo directo: “Un financiero será el director/ y quien decidirá el repertorio/ Un peluquero será el productor/ la magia organiza un velorio”. Y al ratito lanza otro arpón con ironía: “Plan de mercado, lanzamiento mundial/ La radio, ya está todo listo/ Compren los views y la red social/ Después escuchamos el disco”. A tiempo lento la letra se respalda de órgano, piano, guitarra y un coro soul

Otra es Tarot, sí referido a esas cartas milenarias que guardan ese secreto de perfilar un destino. Pues en efecto, es una balada reflexiva, oscura si se quiere, sobre el martirio de un adicto que, desesperado y débil, opta por desviarse de su rumbo: “Y se apagó la luz/ y se acabó el dolor/ Y te escupió a la cara/ el fantasma que le huías”. Esta es una balada lenta, respaldada por entero por una sección de cuerdas y piano. 

Luego está la comentada Hongos, que fue el primer sencillo del álbum. Causa polémica de nuevo por su crítica social, aunque igual por sus metáforas. En la canción propiamente dicha, Arjona expresa hastío, desinterés por el sistema social que vivimos y apunta sus flechas directas: “Demasiado idiota dirigiendo al mundo/ Nada a que aferrarme, todo lo perdí/ El oro y la mierda, siempre los confundo/ Sigue con tu vida, sé feliz por mí”. Su rítmica y tímbrica vienen del country pop. 

Continúa Sobrevivirás, una canción de amor, donde el tipo se arma de franqueza, ya se conoce y aunque convencido que la ama y la extraña, que no tiene calma desde que ella se fue, opta por pedirle que mejor no regrese con él. Así de contradictoria y loca la cosa, de ahí el estribillo: “Y sálvate de mí/ no me aceptes más/ Vengo a suplicarte pero piensa un poco en ti/ Sobrevivirás, aunque tu suplique dime no”. Un coro abre la canción, de nuevo órgano y una base convencional en tiempo medio le mantienen el tempo a la canción, aunque la mayor fuerza descansa en la sección de cuerdas.  

La temática del amor, Ricardo Arjona la ha abordado con múltiples y diferentes historias a lo largo de su discografía. Ahora llama la atención El retrato, que en efecto se refiere a la imagen de la ausente. Hay versos inspirados: “Tu retrato, no es un cuadro que se ahorca/ Ni una triste necedad para tenerte/ es lo poco que me queda y que me exhorta/ al usar estas pupilas para verte”. Aquí un piano abre el camino en tiempo medio, que luego es dominado por una sección de cuerdas con grupo de guitarra y base. 

La factoría musical de Arjona no plantea grandes novedades estilísticas en Blanco. Tiene pequeños contrastes, melodías muy suyas y pequeñas audacias en la letra. Aunque su estilo de escribir no atienda la métrica. La mayoría de arreglos, son construidos a base de una sección de cuerdas, un tanto líquido, blando y depurado que sirve de marco a rugidos de gatito jactancioso (que va a Paris, que escucha a Jacques Brel, que conoce a Van Gogh y Miró, y que ha leído al insigne Gabo), a exhortaciones a vivir el presente y dejarse a asombrar, y a reflexiones inspiradas en penas, estallidos sociales y realidades caóticas sin ser específico. Sí, hay obviedades aunque también irreverencias, por ratos bien y por otros, dulce y salado. 

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