Los Tigres del Norte, ciento por ciento mexicanos

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Vamos hacer los honores a Don Vicente Fernández/ Porque es de los triunfadores/ El más grande entre los grandes” dicho y hecho. El nuevo disco del quinteto de Sinaloa, Los Tigres del Norte, Y su palabra es la ley, se lo dedican por entero al “consentido de Dios” como ellos le llaman al símbolo de la música mexicana, conformado por catorce canciones emblemáticas del jaliscience y una original.  

Una manera de conectarse con su público es lo que garantiza el éxito de cada una de las producciones de Los Tigres del Norte. Y este álbum no es la excepción, esta es una apuesta segura y no me extrañaría que alcance altas cotas de venta. Y de popularidad. Debido al repertorio, al personaje homenajeado y a esa curiosa fusión norteño-mariachi.

Bueno, en este disco no en todas las canciones se escuchan esas cuerdas y esos metales amariachados, en otras solo está la instrumentación del grupo. Esto permitió en cierto modo naturalidad y honestidad al no abandonar la estética sonora de los sinaolenses. 

Con respecto a las voces de Jorge, Hernán y Luis, ellos no intentaron imitar esa voz recia que identifica a Fernández, sino prefirieron ser ellos muy a su registro, como se muestran en sus más de cincuenta álbumes. Se puede entender que mantuvieron respeto a la obra. Pero también un elemento a considerar es que, de todos los éxitos que posee Fernández, optaron por cantar aquellas que tuvieran más sentido para ellos. Y eso es clave de este álbum.  

Da la apariencia que estas versiones aterrizaron en una instrumentación reducida, a fin de evitar dar un paso en falso, pero sí hubo riesgos. Por ejemplo, en La ley del monte, la voz de Hernán Hernández (bajista además) busca un reacomodo en un fondo dominado por violines y metales. En cambio en Mujeres divinas, el mariachi suena con acordes de norteño creando el clima idóneo y creíble. De manera que se confeccionó un material con cuidado y cariño que fácilmente aguantará el paso del tiempo.      

Así, esta producción discográfica es una magnífica forma de redescubrir y repasar un repertorio que data desde 1969 (Palabra de Rey), pasando por 1970 (El arracadas), 1976 (La ley del monte), 1989 (Por tu maldito amor), 1993 (Lástima que seas ajena) y hasta el 2008 (El último beso).

Se extrañan canciones de gran valía de Vicente Fernández por supuesto, como Volver, volver o Cruz de olvido, pero como Los Tigres del Norte reconocen, la idea era cantar las que tuvieran sentido para ellos, porque ellos acá no inventan, sino que recuperan y adaptan; no cantan, sino que interpretan; no luchan por vender, sino por dejarse querer del gran público que les sigue desde hace más de cincuenta años. 

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