Cielos de Plomo viene hablar de cosas nuevas

| |

Desde su primer track Regreso a casa, uno intuye que abordará un disco capaz de sensibilizar al oyente hacia nuevas formas sonoras, con un punto de experimentación, más frecuentes en Europa que en América. Este septeto uruguayo de nombre Cielos de Plomo se tomó más de un año para concretar su segundo álbum, Entre luces, lanzado en pleno año de pandemia. 

Cielos de Plomo argumenta que es un proyecto musical en mutación, nacido en Maldonado, Uruguay, ahora con centro de operaciones en Montevideo. Este grupo, que no se trata de la novela de la escritora italiana Ben Pastor, sorprende con una entrega de nueve tracks revestidos de una hermosa portada, fragmento de la obra de Santiago Ney Márquez. 

Lo que nos plantea este grupo es ambient pop con mezcla de art rock, de ahí la presencia de batería y guitarra eléctrica. Por supuesto, teclados, el resto de la instrumentación (violín, saxo, guitarra acústica, piano) y las voces son utilizadas con una estética particular, con un sentido tan ambiental como armónico.  Luego están las percusiones naturales y sintetizadas, que son el segundo laberinto donde perderse.

Las canciones son arregladas con el tiempo que se permitieron tener, como ya está dicho, más de un año. Regreso a casa, la ya mencionada, pinta un grueso fondo de sintetizadores a una canción de atmósfera melancólica pero también de esperanza. “Los pájaros, amiga, cuando vuelvas una fiesta van a hacer/ Una fiesta con sus alas acompañándote hasta acá”. No sé, pero cuando la escuché me remitió a su portada. 

Otra tema es Las cosas olvidadas. Hay matices, hay percusión acústica y la voz de Laura Uriarte Gaspari, que además aporta en los teclados. La canción dice: “¿Y a ver quién viene a hablar de cosas nuevas? / Si yo estaba bien acá / entre las cosas olvidadas”, es en cierto modo un reclamo cuando tus creencias se han agotado y temes abandonar. Una muralla sonora casi épica, inicia al terminar de cantar un cortísimo texto. De hecho, la brevedad en las letras es seña de identidad de Cielos de Plomo, como dándonos a entender que lo suyo es más instrumental que vocal, pero también es cierto que, en ocasiones, sus estrofas se inspiran en circunstancias inesperadas.  

Otra de las canciones tipo shoegaze es Organelle. Su letra de nuevo brevísima, viendo hacia el piso, dice: “Si no despierto de este sueño hay un mundo extraño/ Toda esta maquinaria que se mueve/ Mundo extraño”. Al cantar en tiempo lento y vocales sostenidas se crea, con las diferentes capas sonoras, una música etérea escuchada en un espacio amplio y gélido. 

Por último, quiero mencionar la más larga de las canciones Aviadores (casi 12 minutos). Acá los sintetizadores se alían a la guitarra acústica, pero también a sonidos de guitarra eléctrica, violín, piano, percusión acústica. No deja hasta punto de producirse densidad, tensión en la pieza. Por otro lado, su letra acá, en cambio, es más amplia pero no lineal y hasta cierto punto críptica. Aquí se habla de aviadores pero también de tres amigos, Manuela, Pilar y Valentín. Parece una historia de indefensión y soledad, pero cuya métrica está forzada. Es como obstinarse en meter 100 pasajeros en un bus con capacidad de 60. 

Cielo de Plomo está integrada en este momento por el guitarrista y líder Francisco Trujillo; el batería Javier Cuadro; guitarrista Leandro Dansilio; tecladista y cantante Laura Uriarte Gaspari; Darío Barrios, Ignacio de los Campos y la multiinstrumentista Gabriela Escobar. Algunos ya habían coincidido en otros proyectos del mismo sello discográfico Feel de Agua, que apuesta justamente a la originalidad y a la experimentación. 

Hay mucho de bueno en este trabajo. Que invita incluso a examinar más la escena uruguaya. Son tiempos en los que grupos como Cielos de Plomo toman el pulso a nuestros tiempos y empiezan a ofrecer una música con la imaginación que permite el no estar limitado al tiempo, ni sujeta a prejuicios. También es una lección de cómo alejarse de lo convencional sin perder nivel. Seguro estoy que Cielos de Plomo tiene más para enseñar y descubrir. 

Previous

Biznaga: Tu dios es la Gran Pantalla

El Cruce capitanea un potente y salvaje blues en Suramérica

Next

Deja un comentario