Anakena, la más fresca y cosmopolita música de Venezuela

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La primera canción con que abre su nuevo disco me atrajo. Es que suena algo así como pop, rock latino. Ligero, fresco e irresistible. Confiado me dispuse a seguir escuchando.

Obviamente tenía que desengañarme para saber si el resto valía la pena. Y lo fue, pero no del modo previsible ni imaginado, sino de una manera inverosímil. Anakena, es un cuarteto venezolano que atrapa oídos a base de rock latino, bachata, cumbia, reggae, bolero, blues y calypso. Así como lo lee. Y lo hace creativamente, sin exageraciones. 

Anakena, lleva ya cuatro años con vida y está integrado por Santiago de la Fuente (guitarra y voz), Mikel Maury (voz), Antonio Romero (bajo) y Carlos González (percusión). En tan poco tiempo el cuarteto ha grabado un EP, algunos singles y residió en España, pero la patria pudo más, volvieron a Venezuela y en octubre del año pasado presentaron este álbum que firman con su nombre. Ahora, hace pocos días, volvieron con Anakena (Deluxe), el mismo de meses anteriores, solo que esta vez le incorporan más canciones (incluida la nueva Ojitos café, con la participación de Ale Jiménez), incluso una vivo y otras remezcladas por deejays y productores para completar una colección de 16 temas.  

Después de Cinco, que es la pieza con que inician, continúan con Guayaba (bachata) una canción con aroma que comienza hablando de una fruta y termina hablando de una chica “Ella debe ser de otra tierra/ porque yo recordaría haberla visto/ Ay frutica, me gusta tu aspecto/ perfume perfecto/ cómo me haces sonreír”. El grupo sabe hacer arreglos ajustados a sus capacidades (que son muchas), con un cantante que suele sintonizarse con los géneros. 

En el caso de Montaña rusa (reggae) cuentan con la participación de la cantante y compositora, versátil igual, Liana Malva. Una canción romántica, de un amor que se oculta, que se expone y experimenta una especie de montaña rusa emocional. Por supuesto, tiene ese gancho del estribillo sencillo con fondo de reggae pop. Se disfruta.

Las sorpresas no se detienen. Suena la brevísima Volveré con apenas un minuto y pico de duración. Una canción paisajista, sosegada, etérea. Al inicio el mar, luego sintetizador y rematada por una voz distanciada con efecto (Soy el cielo/ Soy la tierra/ Del lugar donde nací/ Está en mis ojos). Termina con gaviotas. Al escucharla, se siente como esa brizna del mar acariciándote el rostro. 

Otra canción que maravilla es esa especie de bolero, Saudade, donde participa el cantante y guitarrista caraqueño de blues Mr. Bosch (Fernando Bosch). La guitarra acústica junto a las sentidas voces, delinean a la perfección un tema sobre salvar lo insalvable, de recuperar lo irrecuperable, de olvidar lo inolvidable. “Y que duro es olvidar/ Cuando aún quieres recordar/ Mírame y dime que volverás”. Un sonido de trombón y un coro terminan por poner ese cuño inconfundible de Anakena.

Una canción folk casi cierra el álbum. Es producida por Mr. Bosch, Matilda la gata mariposa. Parece ser la historia de una gata llamada Matilda, que nació huérfana. La moraleja que sustraen de la historia es que, “desde el cielo nos vino a enseñar/ que no son las veces que respiras/ son los momentos que te dejan sin respirar”. El arreglo, la melodía y el texto bordean una desnuda y reflexiva canción. Lo único que me hace click es haber forzado la métrica de la letra y no haberle buscado la expresión o la metáfora sencilla y fluida para redondearla. Igual ocurre en otras, pero en esta, es más notorio. 

El álbum Anakena se clausura con la melancólica Cuando estás (blues). Tiene un coro hermoso que reza: “Si tu eres un sueño, no quiero la realidad/ Si te lleva el tiempo, no quiero eternidad/ Si eres el silencio, ya no quiero escuchar/ No quiero nada más, cuando estás”. Es un canto inevitable, turbulento y romántico por la ausencia. Se escucha una especie de fender rhodes (piano eléctrico) y una guitarra eléctrica que se queja y llora en tiempo lento. 

En suma, nos encontramos frente a un cuarteto que construye grandes canciones a base de letras, ritmos y arreglos sencillos, algunas con cierta elegancia y en todo caso, con una inventiva y suficiente agilidad capaz de cautivar.

Su música, que puede resultar inverosímil por esos matices, por esos registros rítmicos tan variados y por esa capacidad de adaptación, nos muestra que Anakena posee un corazón venezolano con un espíritu joven y un alma cosmopolita. 

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