El progressive metal que forja Kriz Nicolau en Red String

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Cuenta la leyenda japonesa que aquellas personas que estaban predestinadas a conocerse, están unidas por un hilo rojo atado al dedo meñique. El dedo meñique es vinculante, por tanto, aquél que rompe esta unión, se debe cortar ese dedo. Así de intensa y dramática es la leyenda, y así lo refleja Red string, el nuevo y segundo disco del guitarrista, cantante y compositor guatemalteco Kriz Nicolau.  

Nicolau lleva ya una docena de años en la escena. Cursó estudios de interpretación en guitarra en el Musician Institute en Hollywood, California. Formó parte de bandas como Kenoba, Dead Letter District, The Aversionist, The Black Portrait y hoy participa de una gran camada emergente de guitarristas jóvenes guatemaltecos de rock, que no dudan en codearse con extranjeros. De hecho, invita a algunos de ellos, en esta producción. 

La placa contiene siete temas originales, cinco instrumentales y dos cantadas en clave de modern metal y progressive metal. Red string abre con un preludio Everything happens, donde escuchamos sonido de piano y un efecto de cuerdas, de viola y violines, algo que le da paso a Joy, donde escuchamos como invitado al guitarrista y productor Pepo Meza. Un tema que es como una explosión, que se asoma con ánimo y fuerza, aunque uno descubre que Meza no posee la dureza guitarrística de su anfitrión. 

En cambio, 2370 días es diferente. Su invitado Andrés Vickers, que su paso por Andrómeda le permitió comprender las necesidades del género y lo que se espera de sus actores. Acá también escuchamos que Nicolau canta. En fin, la dupla de guitarras fluye, con sus solos expresivos y naturales a tono con una pieza, cuyos matices alimentan el carácter dramático de la misma.  

Muerte, es más bien como un interludio. Donde se escucha un efecto de cuerdas lánguidas, que trasladan la idea de misterio pero también de avance. 

En The smile is a lie, participa el virtuoso guitarrista Raúl Cerna. Mientras, Nicolau construye todo el muro sonoro y pone voz gutural, apoyado en el coro de German Lazzaro (The Aversionist y The Black Portrait), aparece un solo de guitarra rotundo, bien construido y a velocidad de vértigo de Cerna, sobre un ambiente de excitación y locura metalera. Cerna ya ha dado muestras antes de su gran dominio sobre el instrumento

Otro tema que llama la atención es Vida, en el que Nicolau invita al chico Yariff Mata, el mismo de grupos como, Crash, Los Comandantes y Nisler. Este chico que ganó un concurso para tocar con Maná, se asoma con un solo aceptable donde hay wah wah y superposiciones de punteos. En la segunda parte del tema, todo marcha en tiempo sincopado que le aporta exploración a la pieza, de hecho termina con sonidos de cuerdas y unos riffs volcánicos. 

Por último, el tema más largo (8:18) titulado For a reason, encontramos a un guitarrista que aporta con su creatividad, riesgo y excelencia, a Kriz Nicolau, de hecho transpira toda la autenticidad de un enamorado de su instrumento, donde obviamente descansa su poderío. Hace breves trémolos, fuzz e igual superposiciones de punteo, sin olvidar esos tramos de requinteos extremos cual si soltara dragones. Acá escuchamos la participación en el sintetizador de Isaac Hernández Campos, que aporta con un solo intenso, juguetón y fiero a la vez. A mi me sorprende escuchar a un tecladista tan coherente en la escena del metal como él. 

Ciertamente el sonido Red string no ayuda en la definición (un ejemplo la base). El disco parece fue pensado para tocar y lucir la guitarra y voz, pero el manto sonoro parece como si fuera una pista para tocar. Digamos que esa parte orgánica de los instrumentos base no se percibe, y en cierta forma encartona y pone rígido el material. En cambio, se puede disfrutar en buena medida el trabajo de los guitarristas participantes, amén de la labor en la composición. Hay buenas ideas, hay buenas búsquedas, hay buenas interpretaciones y hay una historia, la de una relación en la que sucedió de todo, incluso alegría, pero también que moría pero que al final se entiende que todo tiene una razón de ser.

El hilo rojo se rompió. 

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