Los Enanitos Verdes: A 35 años de Contra Reloj

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De niño no sabías que era el rock en español. Si tuviste hermanos y escuchaban rock, pues ellos andaban por otros lares como Inglaterra o Estados Unidos de América, nunca en Latinoamérica. 

Escuchar rock en español era casi un estigma dentro de la generación X; era ser subversivo. Te miraban raro. No sonaba en las radios. La Negra Tomasa de Caifanes se escuchaba en la Radio Conga 99.7FM que pasaba salsa y cumbia 24 horas. Supe de Contrareloj por amigos que se prestaron el cassette una tarde. Nos sentamos a escuchar La Muralla Verde hasta que llegó la abuela del amigo que nos invitó a salir de la sala mientras nos abría la puerta de garage.

Después alguien en Central de Radios se le ocurrió hacer una radio llamada Alfa 97.3FM para la juventud con programación en español actual. En sus promocionales de televisión se les ocurrió incluir rock en español. Miguel Mateos, Duncan Duh, Hombres G y Los Enanitos Verdes. Jaime Paniagua se encargó de liderar aquella buena intención.

Horacio “Marciano” Cantero en el bajo, Felipe Staiti en la guitarra y Daniel Piccolo en la batería nos parecían nombres de extraterrestres de este lado de Centroamérica y el nombre de Los Enanitos Verdes era un sinónimo de marcianos por Cantero, o al menos así lo parecía. Eran de Mendoza, Argentina pero la verdad, parecían de marte.

Contra Reloj (1986) fue publicado, al menos para mi generación, antes del discernimiento y la conciencia propia. Antes del tsunami de la adolescencia y el maremoto de la adultez. Todavía no entendíamos el concepto de estar parado en una muralla entre lo que fue y lo que será. Que aquella muralla podría detener el tiempo, lo suficiente para observar nuestras heridas sanar y ver a alguien desangrándose del corazón.

No creíamos en cartas de amor o en el sentimiento merecido. Ni siquiera en el perdón y el de pedir otra oportunidad. No entendíamos el concepto de un adiós y su definitiva verdad. Fue hasta después que Contra Reloj dejó de ser abstracto. Y fue luego que la vida le propinó unos buenos golpes a la infancia, y que la madurez se instalara en nuestra frágil existencia; solo hasta entonces se integró a nuestra médula. 

Esa intro tan significativa e inconfundible de La Muralla Verde, años fue el primer déjà vu que nos recordó aquella semilla del rock en español y a definirlo como tal. “Estoy parado sobre la muralla que divide / todo lo que fue de lo que será”. Ése solo de guitarra es inconfundible. En solo 2:41 minutos de duración la vida te pasa por los ojos.

Conciencia Contra Reloj es como suenan los 80. Una suerte de The Outfield con The Romantics. Ahí aparecían Los Enanos, que invitaban con su música a vivir a la velocidad de los sintetizadores porque un día podríamos amancer como órgano de iglesia.

Cada vez que digo adiós es una canción de despedida dedicada al primer amor de infancia que dejás en la colonia que creciste para comenzar tu vida. Ella se queda con la esperanza que volvás. Y tenes que dejar a la gente que amas / Y a ella que te mira con tristeza y alegria / Y te dice que te vaya bien mi amor / Yo te espero, siempre te esperare”.

Tus viejas cartas es gran éxito que todavía tocan en sus conciertos. Mantiene esa ilusión  de vivir un amor que se extinguió antes de empezar. Y sigue y sigue /Dando vueltas y vueltas / La loca rueda de la vida / Y sigue rodando en mi cabeza / El enigma cautivante de tu voz”. 

La luz del río es el destino que se dibuja en un accidente geográfico donde un reflejo es el norte a seguir. Simulacro de tensión es habitar la incertidumbre que busca desesperadamente hacer real un amor idílico.

Solo dame otra oportunidad, es una balada que lucha por defender el amor frente las circunstancias que terminan por separalo y vivir con la culpa. “Dame otra oportunidad / para saber al menos si amarte estuvo mal”. 

El disco termina con Algo terminó mal  que es el sufrimiento frente a la pérdida y confesarse roto por primera vez.

Los Enanitos Verdes vieron en Contra Reloj un disco que les abrió la puerta a toda América Latina. Argentina, Uruguay, Chile y su Festival de Viña del Mar fue alcanzar el vuelo de las gaviotas. La fiebre se elevó a Ecuador, Venezuela, Colombia, Perú, Costa Rica y rebalsó en México. Son 35 años desde su lanzamiento y todavía conserva esa inocencia con las ganas de conquistar el mundo.

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