El mejor Gilberto de los últimos tiempos

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Si de repente se le antojara armar una fiesta este fin de semana, en su casa, con su familia en estos días de confinamiento, apostaría todo por el nuevo disco de Gilberto Santa Rosa, Colegas. Este puertorriqueño tira aquí, la casa por la ventana. La producción dura una hora y 45 minutos. Sí, es generoso, entrega 19 canciones, con un buen puño de invitados, cubanos, puertorriqueños, panameños y dominicanos, y unos arreglos sorprendentes.  

El caballero de la salsa, como le llaman en la industria, tiene un legado amplio y jugoso. En las dos docenas de discos grabados está patente. Lo cierto es que aquí, cuenta con un repertorio numeroso y sobre todo con una experiencia que pone a sus servicios. Ahora igual puede cantar con habilidad y entrega rumba, son montuno, guaracha, salsa y bolero como lo evidencia aquí. 

Abre con La familia, con su paisano, Tito Nieves, el Pavarotti de la Salsa, como le llaman. Juntos formulan una canción prendida de fiesta donde los invitados es la familia, “la gente que yo más quiero para bailar, para gozar”. Este tema se remonta a los años cincuenta, y a la banda de Ray Barretto en la voz de Tito Allen. 

Que se sepa, el arreglo de la sección de metales es una delicia. Es impresionante el juego de voces, de cómo utilizan las trompetas, trombones, saxofones incluido el barítono. Esa sección de metales hace frases ágiles, difíciles y rotundas. Dan mordiscos puntuales, energéticos y rítmicos. Por supuesto, se cuela en los pies. Que se sepa fue un éxito de 1970, de la orquesta puertorriqueña de Roberto Roena y su Apollo Sound.

En el tema Apaga la luz, que aborda la crítica social, menciona la pobreza, el abuso y la criminalidad. Es interesante cómo es que los salseros emplean el ritmo más burbujeante para ofrecer un mensaje que se escucha, pero no molesta. Igual, el arreglo de la sección de metales aquí es espectacular. Hacen figuras como saltando y jugando. El invitado en esta canción es Luisito Carrión, uno de los mejores soneros boricuas.

Y quiero hablar del popurrí de boleros, porque es la pieza que matiza y descansa de la totalidad del álbum. En este se luce la fuerza vocal del portorriqueño Nino Segarra. El mismo contiene los temas, Que seas feliz/Quisiera saber/ La vida es sueño. Estas canciones de Arsenio Rodríguez, Consuelo Velásquez y Jorge Gelly respectivamente, son arropadas por un dulce arreglo. El tándem hace grande esas historias de amor, donde hay despedida, hay deseo por olvidar y hay resignación al entender que el mundo está hecho de infelicidad. Sí, son canciones que salen de corazones vividos y dañados.  

Y por último quiero mencionar la composición vinculada a la religión yoruba, Ocana sordi, aquí se acompaña del cubano Juan José Hernández, radicado ahora en Puerto Rico. Esta había sido éxito de Los Guaracheros de Oriente, de Cuba, escrita por Pablo Cairo Sentmanat.

Santa Rosa, la hace una canción juguetona con un coro y una sección de metales siempre firme y vigorosa. El solo de timbales rotundo y festivo que aparece en la segunda parte de la canción, le pertenece al puertorriqueño Charlie Sierra, alguien que se sitúa en la cumbre de los timbaleros en el mundo rumbero.

En efecto en este proyecto, que dice Gilberto Santa Rosa, le tomó seis años en concretarlo, participaron once arreglistas, más de treinta músicos (incluidas las cinco voces del coro) y quince invitados especiales. El derroche es evidente. Y no dudaría en decir que el disco terminara por estar nominado al Grammy y si no, mejor aún, ganar el premio mayor.

Y es que Santa Rosa no escatimó en la producción, esto significa que fue cuidadoso y exigente en los arreglos, en los músicos, en los invitados, en el repertorio y en el empaste final. En realidad, todas son canciones sencillas, covers en su mayoría, que evocan la gran época de los años cincuenta y sesenta de la salsa, pero hechas con respeto y estilo. En suma, Colegas es un disco que muestra una evolución bien entendida. Y una lección de salsa brava que brilla con absoluta exquisitez. 

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