Hisbicus delirio sonoro desde el dolor

| |

J. Zunz o Lorena Quintanilla lanzó este 2020 uno de los álbumes más comentados dentro del círculo de medios independientes tanto en español como en inglés. 

Al buscar a Quintanilla podemos encontrar que forma parte del dúo Lorelle Meets The Obsolete con Alberto González. Esta banda de rock psicodélica tiene sonidos del rock sesentero con el grunge noventero. Si somos atentos podemos distinguir quién, dentro del grupo, hace cada cosa.

Silente (2017), su primer disco, tiene fórmulas conocidas y experimentales, que buscan gustar y asombrar. Silente gusta por la narrativa de tejidos rockeros y electrónicos con toques poperos.

En su segundo trabajo de estudio, Hisbicus (2020), encontramos un constructo sonoro de texturas distorsionadas, electrónicas, minimalistas y etéreas que crean o desentierran, en los oyentes, imágenes ocultas, especulativas y existenciales. Me recordó mucho la banda sonora de la película Sicario del islandés Jóhann Johannsson, con ese nivel de suspenso.

Percibo dentro de Hisbicus una narrativa donde la distorsión de los instrumentos permita un influjo de dolor o tortura medieval sin la garantía de sanar con el fin de altera los sentidos.

Hisbicus es denso. Tiene tensión, terror y dolor. Se percibe mucha inconformidad y escozor en contra de un ambiente injusto que es indiferente al dolor y el abandono. No hay espacio para catarsis o cura. Es desolador.

El disco abre con Y, una bella melodía que se convierte en un violento derrame sangriento. La violencia del machismo o de como X desangró a Y. 

Four women and darkness se desenvuelve en la distorsión de ecos y la tensión pulsante de una percusión amenazante. La narrativa es sobre cómo las mujeres se protegen frente a la violencia o la oscuridad como el sinónimo de una amenaza infranqueable.

Júpiter impacta. El grito que surge entre la saturación crispa los oídos y los nervios. Es casi una terapia de gritos; dicen que sí funciona.

33:33 transita como un delirio sonoro en donde imágenes brotan de nuestro cerebro con matices psicodélicos y psicóticos.

White Labels es otra que tiene una narrativa terapéutica de shock. Overtime parece un nirvana donde un minuto podrían ser 50 años de vida. Es un corte de una narrativa dimensional.

Para America is a Continent bien podría tener otro título pero el corte es una crítica donde la distorsión es una fuerza que va en contra del América que tanto pregona EEUU que es y pasarse a Latinoamérica por el arco del triunfo. Ellos son los verdaderos americanos nosotros, los latinos, unos segundones.

Ouve-me es el final del sueño parece un resbaladero que nos hace despertar y abrir los ojos luego de una larga noche de terapia eléctrica, amarrado a la cama.

Hibiscus es una terapia. Sin duda un disco sensorial que, por momentos, busca exorcizar memorias traumáticas. Lorena Quintanilla puso un texturas sonoras a luchas existenciales. Es un disco que nos proporciona un asidero para nadar sobre mareas y aguas turbias. Lo que sigue dependerá de cada quién. 

Previous

Últimos estrenos del 2020

Cameo Drive indaga en su interior para entregar un indie rock propio

Next

Deja un comentario