Dina Ramírez, la saxofonista que nos muestra tres caras

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Una saxofonista infaltable en la actual lista guatemalteca de jazz es sin duda Dina Ramírez. Dejó la música pop para abrazar el post bop. Lo abrazó con tal profundidad, que incluso lo hizo con los mundos asimétricos y disonantes aunque también coloristas de Wayne Shorter. Ahora, Ramírez se detiene en su nueva y tercera entrega discográfica Tres caras, para abordar nuevas avenidas estilísticas en su quehacer jazzístico. 

Quizá las estilísticas son las que le dan sentido al disco, puede que las tres caras se refieran a los tres géneros que aborda en los ocho tracks, aunque ella se apresura a aclarar: En realidad este disco es muy personal. Quise reflejar ciertas cosas de mí, tres cosas de mi ser: la parte emocional, la parte del instrumento como tal, y la parte artística”.

Frente a esa idea convocó al pianista Allan Urbizo, el bajista Jorge Soberanis y el batería Sami Suárez, para que le terminaran de dar forma a sus obras.

El disco se inicia con Febrero. Es un tema inspirado, que mueve en términos emocionales. Está lleno de matices. Tanto por parte de la saxofonista como del pianista. El solo de saxofón es un volcán, manteniéndose dentro de las fronteras del hard bop, es decir lento y trabajados arreglos. Al final, hay un ligero cambio rítmico. Esta y extrañamente el resto de las composiciones, son breves.

Kiosco tiene cierto aire reggae. Aquí escuchamos una batería moderna, clara y contundente, igual hay sonido de Fender Rhodes y una saxofonista que corre riesgos.

Es una pieza hace cierto punto enigmática. Por supuesto la compositora juega con los tonos, es intensa, rauda y su fraseo se asoma más definido. En cuanto al solo de piano es fluido, honesto y con ímpetu. La pieza tiene su tensión igual su alma. 

Somorrostro tiene su encanto. Suena contemporáneo, con un despliegue atractivo e inventivo del tecladista y pianista. En realidad, es un tema donde lucen por partes iguales al piano y al saxofón. Es un arreglo descomplicado, tiene su paz y su textura, lo que en estos tiempos es bienvenido. El saxofón en esta balada, es sutil, sin tragedias, quizá todo inspirado en Somorrostro esa zona cercana y distante a la vez, de la playa de la Barceloneta, en Barcelona, España.

Llama la atención I.D.T.B.A. que la preludia un piano en tiempo lento, al que se incorpora un saxofón enamorado. Es cortísima, parece un poso de melancolía y, sobre todo, de ternura.  El título, quizá toma distancia de la composición, pues el mismo hace referencia a las siglas de una oración que según la compositora, se formó por un misterio y sin sentido, conformado por palabras en español e inglés.  

Luego se escucha Farewell, por su nombre se colige que es una balada soul emotiva y triste y así es, porque en la vida real es una despedida física y eterna desde el corazón a un ser querido. Aquí el piano, bajo y batería (no hay saxofón), están al servicio de la voz y la de la letra de Ivanna Ramírez (hermana de Dina). Su estilo es lo que se llama torch song, a la manera de Anita Baker o Nancy Wilson. En Guatemala esto es inédito. Y en el panorama nacional se asoma fresco y convincente. Según comentó Ramírez: “En esta canción solo quería enfocarme en la voz, no quise tocar porque quería que fuera una canción especial. Fue mi primera colaboración, y me metí muy de lleno en la música, en las líneas de la música”. 

Dina Ramirez – Facebook

Y deseo referirme también a 6 P.M. donde vuelve a participar Ivanna, con vocalese. El sax apoyado por un jazz más moderno, hace florituras expresivas sumergidas en la estructura de la pieza. Aquí hay sencillez, emoción y carácter de un trabajo hecho con honestidad.

Hay que mencionar que antes de esta pieza se escucha 6 A.M, y la explicación de esos títulos es: “Todo empezó porque me gustan esas dos horas del día. A las 6 P.M. por ejemplo, le llaman ‘la hora azul’”, dice la saxofonista. Tres caras es el álbum más abierto de Dina Ramírez.

Hay nuevos terrenos estilísticos y hace que sus colegas se sumen al proyecto y comprendan los arreglos, por ratos hasta experimentales. Por otro lado, la compositora quiere mostrar sus últimas creaciones y aciertos en una sesión de 21 minutos, donde hay hard bop, jazz contemporáneo y soul. Las piezas son breves, porque “era el tiempo que quería darle a cada composición. No más, lo que pedían. En todo caso, cada tema hizo lo que quiso y se expresa cómo quería hablar”, indica la artista. En fin, la mayor virtud del EP es sorprendernos, no solo por esa indagación estilística sino por el hallazgo de emoción que vive en esa búsqueda

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